Semillas de Vida



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Como cuidar el valor propio

Una niña mirando un paisaje de montaña desde adentro de una carpa con luces¿Cuánto crees que vales? Lo cierto es que los seres humanos no tienen un valor cuantitativo, como lo tendría un objeto de consumo, sino que cada uno de nosotros es inmensa e inconmensurablemente valioso por el simple hecho de existir, desde que somos concebidos en el vientre materno. Pero muchos en la sociedad actual extrañamente asocian un “valor” a las personas como si de un capital económico se tratara, o un objeto de consumo. Independientemente de lo que podamos producir, de los títulos que tengamos, de lo habilidoso que seamos en cualquier aspecto, o del grado de afinidad que podamos ofrecer en amistad, nuestro valor humano es ilimitado. Si bien cada uno de nosotros busca desarrollarse en distintos aspectos sociales y profesionales, y es perfectamente entendible buscar aprobación y validación en distintas areas, no es aplicable una escala de valores vertical en el pleno sentido humano, ya que poseemos todos los mismos derechos y nos debemos cuidado y amor.

La hermandad humana

Hermandad humana significa sentirnos en una escala horizontal respecto a los demás; incluyendo a aquellos que buscan sentirse superiores disminuyendo a otros. Este principio de igualdad proviente de la creencia de que incluso quienes hacen sufrir a otros son a su vez víctimas causales de un pensamiento equivocado, una mala crianza o simplemente una psicología distorsionada. Estamos todos en el mismo barco por así decirlo, y mientras algunos tuvieron la suerte de haber nacido en un contexto donde aprendieron buenos valores y virtudes, es necesario tener paciencia por quienes aún están en proceso de aprendizaje; logicamente, tratando de minimizar la exposición a cualquier perjuicio, construyendo valores de hermandad, igualdad y justicia.

Niveles de confianza

Hay quienes se merecen nuestra más íntima confianza. Hay quienes nos hacen sentir cómodos y cálidos en nuestro corazón. Hay con quienes podemos contar, y aunque a veces se equivoquen, están ahí para nosotros, en el límite de sus capacidades. Pero es prudente ser precavido con quienes aún estamos conociendo. Hay quienes manejan otros códigos, distintos de los nuestros. Otras costumbres. Es prudente ir conociendo a las personas progresivamente, brindando confianza en la medida que reconozcamos terreno firme sobre el cual estar, tomando en cuenta los valores maneja la otra persona.

Reconocer el valor propio

He aquí una fórmula que te permitirá salir al mundo y conocer nuevos amigos;

  1. Primero reconoce el valor propio. Reconocete como un miembro valioso de la raza humana; parte de la hermandad. Y si crees en un poder superior; reconocete amado por Dios (como lo hayas concebido.) Esa es tu roca firme e inalterable. Nadie podrá quitarte este valor.
  2. Resiste en los momentos difíciles. Si regalaste una sornisa y te devuelven desdén; no te lo tomes personalmente! Hay quienes están en otro estado de ánimo o atravesando problemas. Toma distancia, sin dejar de ser cordial ni aislarte.
  3. Da todo el amor que puedas cuando lo consideres adecuado; al que este dispuesto a recibirlo, bien! Si tu amor y calidez no son bien recibidos, que eso no te dañe. No te canses de hacer el bien y a su tiempo cosecharás.

Cuando entren en la casa de alguien, primero digan: “La paz de Dios sea sobre esta casa”. Si los que viven en la casa son gente de paz, la bendición permanecerá; si no lo son, la bendición regresará a ustedes.

Ahora sal al mundo y da lo mejor que puedas dar; siembra en los terrenos fértiles y en los hostiles también, pero con precaución y prudencia. No permitas que nadie te haga sentir inferior como ser humano. No permitas que nadie te pisotee. Toma fuerza desde tu valor propio y hazte respetar con paciencia y humildad. Amate a tí mismo y ama a los demás. De cierto hay muchos esperando una palabra de aliento y calidez.

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