Semillas de Vida




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Memento Mori: Reflexionando sobre la muerte para mejorar la vida

Ilustración antigua de una calavera sobre un libro, junto a una vela y una vasija con flores. Sobre la calavera hay un reloj de arena con un ala de pajaro y un ala de murcielago. Debajo esta inscripta la leyenda: Finis Coronat Opus que significa en latín "La muerte culmina la obra."El considerar la muerte era una tradición medieval que ponía en perspectiva los actos de la vida. Memento Mori es el nombre que lleva dicha teoría y práctica, la cual abarca grandes obras artísticas que recordaban a sus poseedores lo fugaz de la existencia.

El reflexionar sobre la muerte no tiene porque ser algo sombrío o espeluznante, sino que puede ser usado a nuestro favor para cobrar conciencia de nuestra vida y ser incentivados a aprovecharla, y no desperdiciarla en banalidades que realmente no nos satisfacen.

La reflexión sobre la inevitabilidad de la muerte puede incidir sobre diferentes aspectos de la vida:

  • ¿En qué estamos invirtiendo nuestro tiempo?
  • ¿Cómo estamos alargando o acortando nuestro tiempo? (nuestra salud)
  • ¿Qué legado estamos construyendo en el mundo?
  • ¿Cuál es nuestro impacto en la vida de quienes nos rodean?
  • ¿Qué recuerdo tendrán de nosotros quienes nos sobrevivan?
  • ¿Estamos haciendo lo que realmente queremos hacer?

La vida como obra

Finis Coronat Opus es un término encontrado en algunas descripciones artísticas, que significa “La muerte culmina la obra.” Lo que hacemos en la vida, positivo o negativo, es una pieza fundamental en la vida que nos rodea, y en la vida por venir. Cada día que vivimos es un día preciado que pasa y que no se ha de repetir. Tengo 30 años. Si llegara a vivir hasta los 75 años, me quedarían 16.425 días para hacer todo lo que quiero hacer.

La experiencia de vivir con propósito

No me engaño a mi mismo al pensar que tengo las respuestas correctas a las grandes interrogantes de la vida. Sin embargo puedo estar más que cómodo al compartir mi propia experiencia sobre distintos enfoques a la hora de invertir mi tiempo. El existencialismo es uno de los gigantes que asedian a muchas personas. Quizás hay quienes pueden vivir su vida sin molestarse en preguntarse si hay algún propósito en la existencia, si hay alguna gran misión significativa a la cual abocarse. No es mi caso. Mi vida se reduce a dos posibles caminos:

  • el perder el tiempo en cosas que me distraen pero no me satisfacen,
  • o el esforzarme en realizar cosas que encuentro significativas a nivel existencial.

En esta última categoría recae para mí todo trabajo que tenga un impacto positivo para la sociedad, y que en lo posible perdure y haga eco en el porvenir. En el mejor de los casos que mi vida sea un ladrillo en la construcción positiva del futuro de la humanidad.

Plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo” es el lema conocido de qué se debe hacer en la vida. Este lema denota un legado que se deja en el mundo. El árbol crece y da sombra o fruto, el libro es leído y el conocimiento sobrevive al autor, y el hijo crece y deja su propio legado, aunque para que ese legado sea positivo es recomendable también educar correctamente al hijo.

Hay muchas formas en las que un hombre o una mujer pueden considerar su vida como una vida con propósito. La mayoría de las profesiones tiene un grado de nobleza en su servicio a la sociedad. El ser un buen padre, madre, hermano, amigo son sin duda fines nobles. De igual forma, sin duda la vida no sería lo mismo sin un carpintero que construya mesas, un arquitecto que construya casas, un médico que sane dolencias y un diseñador que haga cosas lindas. Pero también hay muchos que no ven un valor en lo que hacen, y eso les quita cierta alegría de vivir, cierto sentido de propósito. Hablo de la experiencia propia.

Poster "Keep Calm and Memento Mori" (manten la calma y Memento Mori -recuerda la muerte-) con un ícono de una calavera con huesos cruzadosEn una época de mi vida trabaje para una gran corporación en el sector de la informática. Mi rol consistía en tareas tan incongruentes y a veces confusas que no solo yo sino muchas otras personas que cumplían ese rol hacía años no tenían idea de cual era realmente el valor o el propósito en lo que hacían. Me viene a la mente la historia que muchas veces se cuenta de los campos de concentración durante el holocausto, donde a los presos se les hacía cargar escombros de un lado a otro y al día siguiente volver a colocarlos donde estaban antes, sin ningún fin. Creo que me hubiese sentido más útil sirviendo café. Pero la paga era buena, así que para saciar ese vacío existencial buscaba en que gastar la plata que ganaba; comida rápida, golosinas, cine, auriculares, mp3, ropa, videojuegos. A fin de mes no tenía más plata y había perdido un mes de mi vida en la nada misma, simplemente sobreviviendo y ni siquiera siendo feliz. Eso es lo que yo llamo una existencia efímera. Seguro hay quienes no tienen otra alternativa que dedicarse a un trabajo que no disfrutan o donde no ven la producción de un valor. Pero me animo a decir que la gran mayoría tienen alternativas pero se ven tentados a quedarse en el limbo entre el sufrimiento y la distracción de los placeres efímeros.

El trabajo dignifica porque vuelve a una persona un integrante útil del organismo mayor al que pertenece llamado sociedad. Algo que dignifica igualmente y también llena a una persona de propósito es el ayudar a quienes le rodean, en lo que este a su alcance; desde un consejo hasta una ayuda económica o aliviarle un sufrimiento. Esto ni siquiera es algo desinteresado, pues se obtiene satisfacción, pero es lo contrario del egoísmo porque se esta pensando en la otra persona a la vez que se obtiene satisfacción.

La muerte como fin

Muchos temen a la muerte porque disfrutan mucho de la vida. Otros temen porque no saben que pueda haber del otro lado. Yo objeto que nada tiene que temer quien se enfrenta a la muerte estando satisfecho con su vida. Si bien crecí en un ambiente cristiano, soy de aquellos cristianos que tienen una visión más metafórica y simbólica que literal de las enseñanzas que refieren a la vida después de la muerte. Basicamente los símbolos del cielo y el infierno en el cristianismo no se diferencian mucho de otras tantas tradiciones donde lo que se hace en la vida repercute en la muerte. Si bien muchas ramas del cristianismo ponen como énfasis el jurar lealtad al simple nombre de Jesús como “ticket para entrar al cielo,” las verdaderas enseñanzas de Jesús hablan de ayudar al prójimo y a quien está en dificultad. De hecho la única mención de la palabra “infierno” de parte de Jesús es en aquella parábola del rico, donde se contrasta una persona que se negó a ayudar a quien estaba en necesidad y se concentró simplemente en disfrutar sus banquetes, mientras en la puerta de su casa moria un mendigo cuyas llagas eran lamidas por los perros. Por supuesto otro eje central del cristianismo es que nunca es demasiado tarde para arrepentirse de una vida incorrecta y dedicarse a hacer el bien. Excepto en la muerte, por supuesto. Así que recuerda a la muerte, para invertir tu vida en algo que consideres digno, que los ecos de tus acciones construyan aunque sea en lo más mínimo, un legado positivo para la humanidad.

El hombre no muere mientras el mundo, a la vez su madre y su monumento, permanecen. Su nombre es en sí, perdido, pero el aliento que respiró todavía mueve las puntas de los pinos en las montañas, el sonido de las palabras que habló todavía hace eco a través del espacio; las alegrías y tristezas que conoció son nuestras familiares amigas–el final que le sobrevino de seguro también nos sobrevendrá a nosotros.

Verdaderamente el universo esta lleno de fantasmas, no espectros de cementerio, sino inextinguibles elementos de la vida individual, que habiendo sido, nunca pueden morir, a pesar de que se mezclan y cambian, y cambian de nuevo por siempre. (H. Rider Haggard)

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