Semillas de Vida




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La libre elección entre ser víctimas de las circunstancias o agentes de nuestro destino

La ley de causa y efecto establece que todo es consecuencia de algo previo. Por cada acción hay una reacción. Quizás una visualización práctica de esto es el clásico esquema de fichas de dominó que van volteando a las consiguientes y se produce un efecto en cadena.

Foto por Marco Lermer @malepics en Unsplash

El principio de este concepto es útil para establecer acciones cuando queremos alcanzar un objetivo. Para cocinar un pastel vamos a comprar los ingredientes, seguimos los pasos de una receta, ponemos la mezcla en el horno y dejamos que se cocine. Establecemos circunstancias. Pero en otras ocasiones, hay quienes pueden sentirse como una ficha en la mesa en lugar de un jugador; van reaccionando a todo lo que les acontece y se ven subyugados a hechos externos, sin reconocer el poder propio de intervenir y cambiar el efecto.

Siempre hay un rango de acción independiente de los hechos que nos rodean. No estamos limitados al destino que nos asignen ni a la reacción que otros esperan de nosotros. Si algo exterior a nosotros pretende que asumamos una posición de indignidad o que seamos miserables ¿Qué obligación tenemos nosotros de aceptarla? Ninguna. Lo principal está en reconocer que existe un espacio entre la causa y el efecto en el que somos libres de actuar como agentes de nuestro propio destino. Esto se refiere a todas las circunstancias que reconocemos como un perjuicio o sometimiento, sufrimiento. Si llueve; podemos elegir refugiarnos de la lluvia. O podemos elegir disfrutar de la lluvia. Si alguien nos hace un comentario hiriente, podemos elegir sentirnos ofendidos o no asumir la opinión de esa persona como un juicio válido de valor propio.

A veces incluso somos nosotros mismos quienes inadvertidamente corremos el riesgo de actuar en contra de nuestros intereses. Podemos llegar a asumir programaciones que nos someten a emociones negativas. Este tipo de programaciones pueden ser observadas en distintos lugares que nos rodean; nuestra familia, la televisión, las redes sociales. Observamos como deberíamos reaccionar y aceptamos el modelo. Pero existe una alternativa.

Sufrimiento o gozo; el néctar de la vida

El sufrimiento no es el estado óptimo de funcionamiento para nuestra vida. Muchos crecimos bajo el paradigma de que el sufrimiento es la moneda corriente de la vida, de que sin sufrimiento no hay ganancia, de que es digno y noble ganarse el pan con el sudor de la frente. Si bien a veces es necesario, no tiene porque ser la única opción. El sufrimiento y el sacrificio son circunstancias extremas que solo deberían estar presentes en situaciones desfavorables, pero no deben ser el estándar de vida del ser humano. La vida existe para disfrutarla, y un estado de bienestar es el mejor optimizador de la actividad humana; desde el trabajo eficiente hasta el pacífico comportamiento ciudadano. El estrés temporal puede ser necesario y hasta incluso beneficioso según ciertos estudios, pero un estrés constante es perjudicial.

¿Es necesario ser sometidos a emociones tortuosas? No. Tenemos la libertad de elegir escapar de esa programación. A veces sufrimos porque creemos que debemos sufrir. Que es lo que corresponde a determinada situación. Pero ¿qué beneficio trae ese sufrimiento? Decidimos sentirnos ofendidos porque lo que la otra persona nos hizo esta mal. ¿Y qué beneficio me trae a mi ese sufrimiento? ¿En que afecta a la otra persona? ¿Cómo hace ese sufrimiento que el mundo sea un lugar mejor? Podemos correr el riesgo de ser etiquetados de locos si nos negamos a sufrir en determinadas circunstancias, porque gran parte de la cultura que nos rodea esta basada en la entronización del sufrimiento; muchos lo ven como algo divino. El máximo valor posible y símbolo del amor. En lo personal creo que esto es una percepción incorrecta y perjudicial. No tenemos porque aspirar al sufrimiento, ni buscarlo como objetivo.

Tenemos el poder de elegir otro camino, de reaccionar de forma diferente, de no ser otra pieza de domino reproduciendo infinitamente una programación negativa. Las llamadas patologías psicológicas y psiquiatricas a veces sirven como caminos de tratamiento, pero otras veces funcionan como jaulas que le hacen creer a la persona que es víctima ineludible de un diagnóstico. Caen en la ilusión comunmente aceptada de que no hay escape posible de un diagnóstico. Lo cierto es que todos tenemos la opción de aceptar esa «realidad común» o negarla. Ha habido innumerables casos de cáncer milagrosamente curado. De diagnósticos terminales revertidos inexplicablemente. Y eso es porque lo que conocemos comunmente como ciencia no es rey absoluto de nuestra realidad. Es simplemente un observador objetivo desde un punto de vista subjetivo. Hay más teoremas, supuestos e hipótesis que ciencia dura e ineludible. Continuamente se develan nuevos caminos, nuevas posibilidades, y mucho de lo que considerabamos anteriormente como problemas sin solución fueron presentados con resoluciones innovadoras e inesperadas.

La opción de actuar diferente; los mil caminos

Foto de Daryn Stumbaugh @darynmae en UnsplashParte de la ilusión del causa y efecto reside en la creencia de que para cada acción existe una única reacción posible. La realidad es que existen innumerables caminos posibles. Así es como surgen la mayoría de los inventos en el mundo; mediante la búsqueda de caminos nuevos ante determinadas circunstancias. En la gastronomía del mundo, todos los platos posibles existentes surgieron de la disponibilidad o escaces de determinados ingredientes. Cada combinación posible según el lugar y las circunstancias dieron origen a diferentes y originales recetas. Lo mismo sucede con todas las circunstancias que comunmente vemos como determinantes. Tenemos la opción de tomar el camino más obvio y evidente, o podemos explorar nuevos terrenos y cambiar el resultado.

Hay quienes pensarán que para determinadas circunstancias no hay muchas opciones o alternativas. Es ahí donde entra en juego la creatividad y la innovación. Debemos nutrirnos de información nueva, cambiar las variables, cambiar nuestro sistema, incluír nuevas dinámicas y cambiar aquello que esta a nuestro alcance para encontrar nuevos posibles caminos. A veces el limitante es el miedo o temor, el riesgo a lo desconocido o lo inesperado. Pero ¿qué puede pasar? Pocas veces nos enfrentamos a un riesgo real a nuestro ser físico. El apegarnos al camino conocido y seguro nos limita a reaccionar de determinada forma y nos encasilla en ese resultado. Pero si queremos un resultado diferente a las circunstancias que se nos presentan, debemos asumir y aceptar el riesgo a lo desconocido. Todo lo bueno que hoy conocemos y aceptamos, todas las bondades que esta vida y este mundo nos ha ofrecido (o casi todas,) en algún momento fueron algo nuevo y desconocido. Seguro tenemos ciertos parámetros positivos a los que nos aferramos sagradamente. Pero hay otros que simplemente representan un factor de timidez o vergüenza. Pero esa misma timidez o vergüenza también es una opción; podemos aceptar ese sentimiento, adoptar esa programación de reserva y recato, o podemos decidir ser más osados y alcanzar aquello que esta un poco más allá de lo comunmente conocido.

La opción de sentirse diferente; programación o decisión

Las emociones son utiles para operar correctamente en la vida y en la sociedad, pero muchas veces las emociones nos limitan, nos juegan en contra o caemos en falsas ilusiones o paradojas. Una computadora sirve para procesar información pero si la computadora tiene virus puede arrojar información confusa. Si analizamos objetiva y logicamente una situación podemos observar con mayor claridad si una emoción esta jugando a nuestro favor o si no cumple realmente ningún propósito. Es una ilusión el pensar que somos meras víctimas de nuestras emociones y de las circunstancias. Tenemos la opción de racionalizar nuestras emociones y elegir como nos conviene reaccionar ante determinados estímulos. Muchas de estas situaciones son extremadamente comunes en la vida diaria. Algunas de ellas son incluso aceptadas como normales. Pero el sentido común no siempre es muy racional. Es más bien un conglomerado de creencias y culturas, algunas veces ricas y provechosas, y otras veces no tanto.

Las llaves de nuestro presente y futuro estan en nuestras manos. No somos un mero producto de nuestro pasado y de agentes externos. Tenemos el poder y la capacidad de actuar diferente, de sentirnos mejor, y ningún poder externo puede someternos obligatoriamente a sufrimiento o pena. Reconocemos que ese poder esta a nuestro alcance y que podemos hallar las herramientas y los caminos para llegar adonde necesitamos estar. Toma conciencia de este poder en tu interior y comienza a ponerlo en práctica en aquellas situaciones en las que no estés conforme. Dejanos tus comentarios sobre en que circunstancias de tu vida decidiste actuar diferente! Sé el agente de tu propio destino.

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