Semillas de Vida



{ Bienestar, Desarrollo Personal }

Como convertir cada momento en oro

Uno de los dilemas de la cultura moderna es el ajetreado y velóz ritmo que conlleva. ¿Porqué es esto algo tan distinto a lo que experimentaban nuestros abuelos o bisabuelos en la vida campestre? A veces parece ser que algunos son llevados de aquí para allá, siempre intentando llegar a otro lugar, siempre intentando alcanzar la zanahoria al final del palo. A veces en la famosa “carrera de la rata” girando en la ruedita intentando alcanzar una felicidad prometida pero elusiva.

¿Porqué cuando somos chicos cada momento es asombroso y los días parecen eternos, y cuando somos mayores sentimos que las semanas pasan volando?

La razón de este fenómeno existe unicamente en la conciencia, y en la manera en la que interpretamos el mundo y el tiempo.

Dos cachorras: Luz y conciencia

Todos los días salgo a pasear con mis dos perritas; Onawah (conciencia) y Hikari (luz.) Son hermanas, pero cada una tiene una personalidad especial y única. Hikari (la marroncita) acostumbra adelantarse, explorar, ir más allá. Le gusta correr, saltar y tiene un espíritu más activo. A veces tengo que tener cuidado y controlarla para que no se adelante y cruce la calle, y si hay algún gato a lo lejos, lo mejor es ponerle la cadena o agarrarla del collar. Onawah (la blanca y marrón) es más investigadora. Tiende a quedarse más atrás, olfateando el entorno, buscando algún huesito.

El otro día, mientras paseaba a las perras, entendí algo. Me descubrí a mí mismo apurando a Onawah una y otra vez (la que se queda olfateando.) Instandola una y otra vez a que se apresure y siga el camino para poder completar la vuelta por las 2 o 3 manzanas. No tenía ninguna obligación particular urgente. No me estaba esperando nadie ni estaba llegando tarde a ningún lado. Tampoco considero que pasear a mis perras sea un asunto poco grato, por el contrario; lo disfruto. Entonces ¿porqué estaba apurando a la perra en vez de dejarla olfatear y disfrutar el paseo?

Esta realización me hizo meditar y reflexionar sobre mi estado mental. Sobre la conciencia que tenía en general de la vida, durante el día, todos los días. Pareciera que estamos siempre persiguiendo un objetivo, un estado, un lugar, moviendonos de un punto a otro ya sea física o mentalmente.

Los frutos grandes y los frutos pequeños en el camino

Una mano recogiendo moras de un arbustoPara los hombres y mujeres con objetivos, la pasión, la dedicación y la concentración de cada día están abocados a tales objetivos. Esto es completamente normal, común y aceptable; aquello que nos apasiona nos motiva y queremos verlo llegar. Nos dedicamos con esmero en nuestro trabajo, en la cocina (los que cocinamos,) o en escribir un artículo en un blog. Queremos hacer el trabajo y llegar al “gran fruto” al final del camino. Nuestra conciencia esta materializada casi plenamente en ese momento futuro, en el plato preparado, en el sueldo cobrado. Y el momento presente pasa volando y apurado (o al menos nos esforzamos para que así sea.)

Pero ¿no nos deja esta metodología con cada vez menos conciencia del momento presente? ¿No se va atrasando una de las perritas mientras la otra se aleja cada vez más hacia el futuro? Proyectar es necesario, y esa luz, esa visión que visualizamos a la distancia es útil y magnífica, una estrella que nos guía. Pero ¿no estaremos yendo demasiado aprisa en el tiempo? A veces el amor por nuestros objetivos nos distrae del presente, o nos hace valorar poco todo lo que hay en el camino.

Las técnicas de meditación tienen muchas formas; la más popular y conocida es estar sentado, pero los monjes zen practican la meditación en cosas tan simples como barrer o cambiar una lamparita. Cada segundo puede ser experimentado y disfrutado plenamente. El paseo de la vida no es llegar del punto A al punto B en el menor tiempo posible. Esa es una retórica escuálida y famélica. La mayor riqueza alcanzable esta en experimentar cada punto del camino, saborear todos los pequeños frutos que se encuentran en el medio y deleitarse a cada momento. En el momento de esa realización uno puede detenerse en el tiempo y disfrutar hasta las cosas más simples, la brisa del viento, del canto de los pájaros, del fluír y latir de los árboles y las plantas.

El perfeccionamiento conciente

Cada tarea intermedia se puede volver conciente y dorada, valiosa. Quizás intentamos llegar rapido al punto “B” porque consideramos que ahí esta el verdadero valor. Pero cada punto del camino es igual de valioso e importante si queremos alcanzar el destino de la mejor forma posible.

Foto de una japonesa sentada con un cuenco de té, realizando la ceremoniaLa dinámica de la productividad dicta que se debe producir la mayor cantidad de objetos o servicios en el menor tiempo posible, ya que el empleado generalmente cumple un horario. Pero sin la conciencia puesta en el perfeccionamiento de la ejecución, el resultado apresurado sera pobre y deficiente. Cada click en la planilla de cálculos, cada palada de tierra o arena, cada corte del ajo picadito puede ser un momento para perfeccionarse, para absorber por todos los sentidos la realidad que nos rodea. Los japoneses convirtieron el preparar, servir y tomar el té en una ceremonia sagrada; porque entendieron el secreto de aprovechar y disfrutar cada segundo. Al volverse conciente de cada movimiento se han perfeccionado cada vez más en esta técnica. Lo mismo puede suceder con cualquier cosa que hagas; tomar un café o un mate puede ser bueno y provechoso pero ¿estás conciente de cuanto puedes disfrutar su preparación? Cada movimiento es parte de una creación única. Incorporandolo a la conciencia podrás adquirir cada vez más habilidad y ciencia. Ejercitando la conciencia en el momento presente, no solo disfrutarás del proceso, sino que eventualmente harás de ese café el más valioso de toda la oficina!

Recuerda: Luz y conciencia. La luz abre el camino y te permite tener visiones sobre lo que quieres alcanzar, trazar un recorrido. La conciencia te permite experimentar cada momento, para disfrutarlo, ser feliz y obtener paz, y para perfeccionarte cada vez más. Y te deseo que la próxima vez que te veas enfrascado en la carrera de la rata, concentrado unicamente en el punto “B,” recuerdes que todo lo que hay en el medio también es digno de aprecio y deleite.

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